De espalda a los datos

La sorpresa del debate fue Mendoza, quien destacó por la solidez con la que mostró su posición –hay que reconocerlo–, pero, además, por sus ideas trasnochadas, las cuales han demostrado ser altamente efectivas para empujar a las economías más sólidas hacia el subdesarrollo. ¿Qué propone?

Por un lado, propone regalar plata a lo bestia, mediante bonos universales, créditos subsidiados, contratación estatal, etc., lo que se tendría que financiar necesariamente mediante impuestos, dado que nuestras cuentas fiscales están muy golpeadas. Tenemos el peor déficit desde el Aprocalipsis.

Esto sacaría de juego a gran parte del sector privado, el cual, además, es el que tendría que financiar su desafortunada aventura estatal, con lo cual el impacto agregado en la economía sería, con suerte, nulo. Un poquito de historia económica no le vendría mal a Juntos por el Perú.

Por otro lado, propuso la aberración de expropiar empresas de producción y distribución de oxígeno medicinal. ¿Por qué el Estado tendría que gestionarlas bien si, teniendo S/273 millones en 2020 para comprar equipos médicos, hacia julio solo pudo gastar el 3%? Si Mendoza no ha demostrado ser ni capaz de gestionar con éxito un quiosquito de golosinas, ¿por qué tendríamos que confiarle la economía peruana?

Del debate me llevo su insuperable capacidad por despreciar los datos, su habilidad para cultivar engaños mediante un discurso basado en emociones y plagado de mentiras, en la que ella se presenta como la portavoz de un “gran cambio” y nos habla desde su pseudo superioridad moral. Felizmente, hoy tiene un exiguo 6% de intención de voto. Alguito hemos aprendido.

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